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Miércoles, 27 Febrero 2013 19:51

Los trenes de alta velocidad y larga distancia de Renfe perdieron un 2,1% de viajeros en 2012

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Tren de la serie 730 (dual diésel-eléctrico) Tren de la serie 730 (dual diésel-eléctrico) Patier / Renfe Operadora

El transporte de viajeros en transporte público interurbano continuó durante el pasado año 2012 su descenso a los infiernos, tras los máximos registrados antes de la gran recesión. Y aunque tanto el autobús como el tren registraron descensos, el ferrocarril perdió un 1,9% de viajeros, frente a la caída del 1,7% del transporte regular por carretera, tal y como se desprende de los datos contenidos en la estadística de transporte de viajeros, publicados hoy por el Instituto Nacional de Estadística de España.

Por segmentos, ambos modos registraron una caída del 1,9% en el transporte de cercanías (menos de 50 km), aunque desde diferentes puntos de partida: mientras el bus se dejó a 8 millones de viajeros por el camino, hasta los 438,5, el ferrocarril perdió 10 millones y se situó (sumando los viajeros de todas las empresas ferroviarias) en 515,4 millones.

Si atendemos a la media distancia (hasta 300 km, descontadas cercanías), el panorama es aún más gris para el tren, que se dejó un 3% y perdió un millón de viajeros -todos los operadores incluidos, entre ellos la práctica totalidad de los servicios Avant de Renfe- hasta situarse en los 32 millones. En ese mismo periodo, el autobús consiguió mantener el tipo y mejorar notablemente el comportamiento de los raíles, perdiendo la misma cantidad que el ferrocarril, para un mercado que es seis veces mayor. El resultado: sólo un 1,4% de caída en la carretera.

En lo que respecta a la larga distancia, el comportamiento del autobús fue aún mejor, y consiguió limitar su caída al 1,3%, tras perder apenas 300.000 viajeros (unos 821 menos al día) y situarse en un total anual de 18,2 millones. El tren mostró una vez más la otra cara de la moneda, y los trenes de larga distancia de Renfe (único operador que presta este tipo de servicios) registraron una caída de 500.000 viajeros (unos 1.369 al día) hasta 22,3 millones de viajeros, y una disminución porcentual del 2,1%.

Las cifras, además de ser un resultado descarnado de las políticas imbéciles de disminución de la demanda agregada, ponen de manifiesto que durante el pasado año 2012 la alta velocidad ferroviaria, el segmento estrella de la operadora pública estatal Renfe y principal origen del orgullo y de la gigantesca deuda del administrador de la red Adif, no fue capaz de aguantar el tipo y registró una caída que supera en varias décimas la del conjunto de la economía (en torno a -1,3 puntos porcentuales, conforme a lo manifestado en enero por el Ministerio de Economía).

Aunque el frenético programa de inversiones desarrollado desde 1996 sitúa a la alta velocidad, al menos sobre el papel, como el modo dominante en los corredores donde opera, y pese a los tímidos esfuerzos realizados en el ejercicio pasado para incrementar el atractivo comercial y la racionalidad de la operación, España puede seguir presumiendo, un año más, de ser el país desarrollado con la peor relación entre inversión realizada en nuevas infraestructuras y retorno a la sociedad.

 

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