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El pasado día 8 de marzo el Gobierno chino anunció la
construcción del corredor de Alta Velocidad entre Pekín y Shanghai, y lo que es
más relevante, lo hizo asegurando que en su explotación no se utilizará
tecnología extranjera, en palabras del orgulloso ministro de ferrocarriles, Liu
Zhijun. Una segunda lectura, sin embargo, deja ver que en realidad en su puesta
en marcha sí se utilizará, al menos en el inicio, tecnología extranjera: la de
los trenes. El ministro no especifica a quién pertenecerá esa aportación
tecnológica que oculta, pero un diario digital económico canadiense da en el
clavo al recordar que el estado Chino firmó el pasado junio un acuerdo
-preliminar- de cooperación a muy largo plazo (20 años) con Bombardier que
implica la adjudicación de la construcción conjunta de numerosas ramas de AV a
Bombardier Sifang Power Transportation, la filial del gigante canadiense en
China. Y lo mismo es aplicable a otras compañías extranjeras en la pugna.
Hay que señalar además que las declaraciones de Liu Zhijun
se realizaron en la sesión plenaria del Congreso Nacional del Pueblo, el
legislativo de partido único del Estado post comunista, por lo que es muy
posible que sean más un gesto de cara a la galería que un anuncio definitivo.
Uno de sus diarios oficiales, en un movimiento muy parecido, se encarga de recordar
que son muchas las novias que quieren llevarse el dinero de los felices
contribuyentes chinos (Japón, Francia y Alemania) y cita un informe de otro
diario oficial, el Science & Technology Daily, en el que se dice que "las
compañías extranjeras nunca nos cederán tecnologías actuales". ¿Conclusión? Las multinacionales no sólo no van a salir del mercado chino, sino que profundizarán en su negocio y -probablemente- cederán aún más poder (léase tecnología) en las fórmulas de cooperación con el Estado.
Los trabajos de esta gigantesca infraestructura comenzarán a
finales de este año, si todo sale como está previsto, con una longitud de línea
de 1.200 Km.,
y un presupuesto de más de 20.700 millones de euros. Por cierto que, pocos días
antes China anunciaba la prolongación del único Maglev del mundo que funciona
en servicio comercial. La lanzadera de levitación magnética que ya conecta Shanghai
con su aeropuerto llegará también hasta la ciudad de Hangzhou, a 170
kilometros. Y lo hará con tecnología extranjera, claro.
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