Si en 2006 el gobierno Bush se esforzaba por recortar severamente el presupuesto del último residuo del ferrocarril de larga distancia en el país, la National Railroad Passenger Corporation (
Amtrak), el departamento de transportes de ese mismo gabinete acaba de dar el visto bueno a
un informe que al menos utiliza una postura constructiva.

Aunque su encabezamiento no lo menciona -"Efectos de la falta de puntualidad en Amtrak"- este
paper producido por la FRA a petición del Senado relaciona la incapacidad de los trenes de la empresa pública para cumplir con los horarios con sus problemas financieros, mediante un detallado estudio de costes e ingresos. Y la conclusión es clara:
más puntualidad significaría más rentabilidad.
En un país donde hablar de "rentabilidad social" está prohibido en términos políticos, mejorar el funcionamiento de esta empresa pública no puede pasar por acometer más inversiones y renunciar a un retorno monetario (como se haría en casi toda Europa), así que la única vía es la de recortar gastos. El argumento final es sencillo, y ya se ha visto en ocasiones anteriores: si Amtrak es capaz de dar dinero, el tren podrá ser considerado como una
alternativa viable para el transporte de larga distancia.
Menos ingresos... y más gastos El estudio se presenta advirtiendo de que "
la pobre puntualidad de Amtrak socava (...) la posición financiera de Amtrak al reducir sus ingresos y aumentar sus costes operativos. Entre los ejercicios de 2003 y 2007 la puntualidad para sus servicios de larga distancia cayó de una media de sólo el 51% al 42%, y en el resto de rutas -exceptuadas las del exitoso corredor noreste- bajó desde el 76% al 66%. La necesidad de mejorar la movilidad, aliviar la congestión y reducir el consumo de fuel convierte el rendimiento de Amtrak y su salud financiera en un problema nacional".
¿De qué manera ocurre esto? Como explica el informe, la incapacidad de Amtrak para mejorar la puntualidad reduce su cuota de mercado -los pasajeros potenciales renuncian a elegir un modo por la inseguridad acerca de la hora de llegada- y con ello sus magros ingresos. Para colmo
incrementa los costes, ya que obliga a extender los turnos e incrementar la plantilla, así como a emplear más combustible (sólo una pequeña fracción de los trenes de Amtrak utiliza tracción eléctrica). Y eso en una empresa que en este ejercicio fiscal recibirá 1.300 millones de dólares (unos 834 millones de euros al cambio actual) en subsidios federales para cubrir su déficit.
La conclusión es clara: más puntualidad significaría más dinero. Yendo más allá, los autores del informe indican que una mejora en el cumplimiento de los horarios permitiría además mejorar sustancialmente la cuota del modo de transporte. Con los ingresos adicionales de estas mejoras, Amtrak podría por fin "incentivar" a los ferrocarriles por cuyas vías surcan sus trenes, para hacer aún más fluido su tránsito. Desde este lado del Atlántico, la recomendación es aún más clara: ¿quieren trenes rápidos y puntuales? Construyan una nueva infraestructura,
sólo para ellos.