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El diario EL PAIS publica en su suplemento inmobiliario una pieza de seguimiento a la Operación Chamartín, el pelotazo urbanístico que las administraciones local, autonómica y estatal pretenden llevar a cabo en los terrenos que ocupa la estación ferroviaria madrileña. El Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad quieren empujar a Fomento para que recorte plusvalías a DUCH, el "socio privado" del Ministerio, que resultó adjudicatario del concurso realizado por Renfe para el "aprovechamiento urbanístico" de la zona en 1994.
Paralizado después durante una década, el proyecto parecía cobrar fuerza con la burbuja especulativa inmobiliaria -especialmente virulenta a partir de 2001 en Madrid- cuando en 2004, el nuevo Gobierno decidió introducir más viviendas protegidas en el proyecto, espoleado precisamente por los problemas de imagen que causa en el electorado la carestía inmobiliaria. Viviendas protegidas que por cierto pasarán a engrasar el absurdo sistema de intervención pública español que, junto con la política impositiva, infla artificialmente los precios.
Ese cambio detuvo la aprobación del plan parcial, y desde entonces las otras dos administraciones implicadas han presionado a Fomento con la idea de que hay pastel para todos, y con el fenomenal argumento de que la operación de reforma de la zona (y la creación de viales e infraestructuras de servicio que están en sus competencias) no debe costarles un euro. "Defensa de lo público", llegan a decir desde el consistorio y el gobierno regional.
Cuatro líneas como el Córdoba-Málaga
Se acercan, sin embargo las elecciones, y por alguna extraña razón los responsables de los tres niveles administrativos consideran una buena baza electoral sacar a un mercado saturado y sobrevalorado casi dos millones de metros cuadrados. Y calientan ya el ambiente con vistas a un acuerdo. Poco importa, no ya en el Ayuntamiento y la Comunidad, sino también en Fomento, la reforma de la estación de Madrid-Chamartin y la mejora del sistema ferroviario español.
Poco importan las necesidades de los nuevos tráficos ferroviarios que se generarán a partir de la apertura de la Línea de Alta Velocidad (LAV) Madrid-Valladolid (prevista para el invierno de 2007-2008) o las del resto de la red en manos del administrador de infraestructuras. Lo que importan son los 7.000 millones de euros que van a ingresar los cuatro grandes actores del proceso y el resto de titulares.
Para que se hagan una idea, esto supone más de cinco veces el coste total de la construcción del túnel bitubo de la Sierra de Guadarrama, más de cuatro veces que lo que se ha invertido en la construcción de la LAV Córdoba-Málaga o el doble de lo invertido en la reforma de la M-30. ¿Defensa de lo público? ¿Política de vivienda?
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