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25 años del TGV: enhorabuena, Europa Imprimir E-Mail
Miércoles, 27 de septiembre de 2006

Este año se cumplen 25 de la puesta en servicio del primer tren de alta velocidad del continente europeo, el TGV francés. Los servicios comerciales de AV entre París y Lyon no comenzaron a prestarse hasta septiembre de 1981, pero el 26 de febrero de ese año fue una fecha clave en la implantación de este transporte pionero en Europa: ese día, una rama de Alstom alcanzó una velocidad punta de 380 km/h, estableciendo un récord mundial de velocidad que sólo batiría en 1990 otra unidad TGV -en este caso una del TGV Atlantique- al superar los 515 km/h, y que avanzaba el éxito que iba a tener este modo.

Rama del TGV Atlantique En este tiempo, y mientras España cambiaba al ritmo vertiginoso que le imponía una Europa cada vez más consciente de sí misma, los veloces trenes franceses transportaron a más de 1.200 millones de pasajeros. Sólo el pasado año, 100 millones de pasajeros fueron transportados por trenes de Alta Velocidad en Francia, gracias a más de 800 composiciones que prestaban servicio cada día en una red con más de 1.540 kilómetros de líneas y 250 estaciones.

Estos datos son los que terminaron por convencer a todos los escépticos de las bondades de un medio de transporte que pocos años antes se disponían a enterrar y olvidar. Por eso, gracias a esos números, pero gracias ante todo a la determinación de los sucesivos gobiernos franceses que hicieron posible el TGV, Europa pudo asegurarse de que el modelo era exportable. De que la Alta Velocidad era factible y rentable y de que, en realidad, su crecimiento futuro pasaba por asegurarse este tipo de proyectos.

Ahora, mientras vemos cómo se prepara la inauguración del segundo y último tramo del enlace Londres-Eurotúnel o de la conexión sur de Países Bajos con Bélgica, mientras la Deutshche Bahn prueba sus composiciones ICE 3 en la red francesa, y justo cuando las máquinas perforan los Alpes y los Pirineos para conectar Italia y España con Francia, es el momento de echar la vista atrás mientras miramos al futuro. Y de decir "Gracias, Francia. Y enhorabuena, Europa".