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Viernes, 23 Noviembre 2012 11:27

Deutsche Bahn usa a Siemens como espantajo y le responsabiliza de los retrasos invernales

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Un tren de Deutsche Bahn (fabricado por Siemens) haciendo frente a la nieve Un tren de Deutsche Bahn (fabricado por Siemens) haciendo frente a la nieve Jeroen Bos en Flickr. cc-by-nc-sa

La operadora pública Deutsche Bahn ha decidido poner en el disparadero a su principal suministradora de trenes, la también alemana Siemens, ante la -más que previsible- oleada de retrasos que sufrirán sus trenes de larga distancia con la llegada de la fase más cruda del  invierno. En un comunicado emitido el jueves 22 de noviembre y rebosante de victimismo, la empresa se adelanta a las posibles reclamaciones de sus viajeros y se atreve incluso a ponerse en su piel: “nuestros clientes se sienten abandonados por Siemens”.

 “Contábamos plenamente con esos trenes”,  ha añadido el lacrimógeno responsable de los tráficos de larga distancia de DB, “para usarlos cuando se produzcan cancelaciones a causa de condiciones atmosféricas extremas”. Con esta estrambótica ofensiva de comunicación, DB se refiere al retraso en la entrega de ocho de los 16 nuevos trenes Velaro de la serie D, que forman parte de un pedido firmado en 2008 por valor de 500 millones de euros (euros de 2008) y que comprendía la entrega de la primera unidad en diciembre de 2011. 

Pese a lo expresado por Deutsche Bahn, parece poco probable que ocho trenes más (3.680 plazas en total) hubieran sido suficientes para evitar o siquiera paliar que se repita el caos de retrasos y cancelaciones en cadena sufrido por sus viajeros durante el pasado año, poco antes de las navidades, y que llevó a la compañía a un hecho tan asombroso como aconsejarles que, en la medida de lo posible, evitasen viajar en tren.

La pésima gestión de los últimos inviernos no puede desligarse en realidad de la numerosa lista de dificultades que DB, vista a menudo en el exterior como modelo a imitar, tiene desde hace años dentro las fronteras de su mercado natural. Más allá de episodios puntuales de de frío y nieve, el rendimiento de la operadora ferroviaria más grande de Europa se ha puesto en cuestión por numerosos motivos y en repetidas ocasiones en los últimos ejercicios, especialmente en lo relativo al material rodante. 

En la memoria de sus clientes están los repetidos fallos con los sistemas de aire acondicionado a bordo de los trenes ICE durante los últimos veranos que convierten a los vehículos en insoportables hornos durante el verano, o el caos en el sistema de cercanías berlinés S-Bahn a finales de 2010 y comienzos de 2011, sistema que todavía arrastra serios problemas de eficiencia.

Tampoco han ayudado accidentes como el que causó seis heridos en abril de 2010 y que fue causado por la pérdida de una puerta de uno de sus trenes de alta velocidad mientras éste circulaba a alta velocidad, o el descarrilamiento de otro por la rotura de un eje, a finales de 2008, incidente este último que obliga desde entonces a que toda la flota afectada pase por talleres con una frecuencia diez veces mayor a la planificada.

Los problemas de Deutsche Bahn para mantener su flota en buenas condiciones han llegado incluso a traspasar las fronteras, y en Francia son repetidas las voces que han recordado, no sin intención, que los fallos en los trenes de la alemana son la causa principal de los retrasos en la ruta que la pública francesa SNCF y DB operan conjuntamente entre París y Fráncfort.

En perspectiva, lo cierto es que Siemens se lo ha puesto bastante fácil a su cliente. A finales del año pasado aseguró que la entrega se retrasaría, como mucho, hasta febrero de 2012, por problemas con uno de sus suministradores. La fecha obviamente se incumplió, y el pasado mes de septiembre la fabricante volvió a jugar con fuego al prometer que proveería “ocho trenes completamente funcionales a Deutsche Bahn a tiempo para la entrada en vigor del horario de invierno”, el próximo 9 de diciembre.

Con la promesa de su proveedora inclumplida, Detusche Bahn sólo ha tenido que repetir su estrategia de comunicación del pasado año (lanzada, igual que esta vez, a mediados de noviembre) y ha echado mano del espantajo de los ocho trenes para usarlos como deflector de las críticas, que da por descontadas, a una gestión insuficiente (que da por hecha).

Para reforzar el mensaje de guerra preventiva, la empresa pública ha asegurado que reclamará compensaciones por los daños sufridos, aunque después de tirar la piedra ha escondido la mano: “Estamos interesados en arreglar este asunto directamente con Siemens, no en los tribunales”. Repite así la misma indignación impostada que llevó a la compañía a reclamar a Siemens entre 45 y 50 millones de euros para, finalmente, aceptar como compensación la entrega de un 17º tren.

 

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