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Fernando Puente

Fernando Puente

Soy un periodista con más de diez años de experiencia en diarios nacionales y corporaciones, y trabajo en elEconomista. Obsesionado por los ferrocarriles, en 2003 fundé este sitio web, cuya frecuencia de actualización es función inversa del número de líos en los que ando metido. Como no escribo para Google, sino para mí, la selección de temas es -básicamente- la que me apetece.

Estoy también en alguna que otra ensalada de este universo tan particular, como Ferropedia: intenso y denso wiki sobre ferrocarriles que -también- fundé en 2007, y en el que no siempre meto la zarpa tanto como desearía.

Soy además corresponsal para España de la revista International Railway Journal, y escribo habitualmente para Vía Libre. En esta última he colaborado en la confección de un par de libros: "Renfe: 70 años" y "Alta velocidad en España: líneas y trenes".

Para terminar de redondear el tópico, tengo la mala costumbre de hacer fotografías a pie de vía y colecciono modelos a escala (imagina de qué). Licenciado en derecho y máster en periodismo, ahora estudio tercer curso de administración y dirección de empresas. Si quieres ponerte en contacto conmigo, puedes agregarme en LinkedIn. O escribirme sin más a puenteARROBAseispies.com

El Gobierno de Reino Unido ha confirmado esta semana la venta de su participación en la operadora internacional de servicios de viajeros Eurostar por 585,1 millones de libras, unos 806,7 millones de euros. La venta, que el ejecutivo del país había planeado ejecutar hace ya dos años, pondrá en manos de dos fondos de pensiones -uno británico, el otro canadiense- cuatro de cada diez acciones de la empresa ferroviaria que conecta Londres con Bruselas y París.

La capital de Francia se prepara para realizar un gigantesco experimento con su tupida red de transporte público metropolitano, y a finales de 2015 establecerá un precio único para los cinco anillos concéntricos en los que se divide una malla entrelazada por centenares de líneas de todo tipo: ferroviarias, tranviarias y de autobús.

El pasado mes de noviembre el gobierno de Reino Unido completó el episodio más absurdo de todos los vividos (y han sido unos cuantos) en los poco más de 20 años que dura ya el experimento de la cosidetta liberalización del sector ferroviario. Tras rescatar una concesión abandonada sin contemplaciones en 2009 por la propietaria de Alsa, y gestionarla directamente con un éxito comercial rotundo durante cinco años, la devuelve ahora a manos privadas. 

 

 

 

El pasado mes de noviembre el gobierno de Reino Unido completó el episodio más absurdo de todos los vividos (y han sido unos cuantos) en los poco más de 20 años que dura ya el experimento de la cosidetta liberalización del sector ferroviario. Tras rescatar una concesión abandonada sin contemplaciones en 2009 por la propietaria de Alsa, y gestionarla directamente con un éxito comercial rotundo durante cinco años, la devuelve ahora a manos privadas. 

La tozuda capacidad del sistema político estadounidense para bloquearse a sí mismo en cuestiones cruciales de índole interna es legendaria, pero en pocos campos se manifiesta de forma tan clara como en el de las infraestructuras. Dando un paso más, quizá no haya ejemplo más claro de esa parálisis institucional que el de un diminuto puente giratorio de eje vertical, con dos vanos móviles de menos de 50 metros de luz y siete de altura cada uno, que se ha convertido en uno de los peores cuellos de botella de la red ferroviaria para viajeros de Estados Unidos.

Mientras España se afana por extender el ancho de vía estándar europeo dentro de la Península Ibérica, un proyecto que es en cierta medida contrapuesto, y que está impulsado directamente desde el Kremlin, pretende hacer que el ancho de vía ruso penetre en el corazón de Europa, hasta el mismo corredor del Danubio.

Nuevo capítulo de la extraña situación provocada por la liberalización del ferrocarril en Reino Unido. ScotRail, la marca bajo la que el ejecutivo británico engloba a todos los servicios ferroviarios prestados dentro de las fronteras de Escocia, y cuya operación se adjudica en concesión al mejor postor, ha terminado en manos de los ferrocarriles de Países Bajos.

SNCF, la empresa pública ferroviaria francesa encargada de prestar el servicio de transporte de viajeros en Francia (y pronto también de la gestión de la infraestructura), ha hecho públicos y accesibles los datos de posición de sus trenes, lo que permitirá conocer a todos los usuarios cuál es la situación de los vehículos en tiempo real y observar de un vistazo en un mapa el comportamiento del tráfico ferroviario.

Thello, la operadora de servicios ferroviarios internacionales controlada al 67% por la empresa pública Trenitalia, y en la que también participa la cuasi pública francesa Transdev, ha confirmado al fin la fecha de apertura de sus primeros servicios en la Costa Azul. Desde el próximo 14 de diciembre, y usando material rodante convencional, Thello penetrará desde Italia en territorio francés con una única frecuencia diaria por sentido entre Milán y Marsella, frente a las tres que había anticipado hace sólo un año.

Network Rail, el administrador de infraestructuras británico que hasta ahora operaba fuera del ámbito de la contabilidad nacional, ha pasado a depender íntegramente de los contribuyentes británicos. Desde el pasado lunes, éstos ya pueden presumir de que su sistema ferroviario atesora nada menos que 43.000 millones de euros en deuda, y de que la mitad inferior del sistema vía+tren ha sido, a todos los efectos, nacionalizada.

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