Seis años después de la adjudicación del contrato de fabricación, tras
casi cuatro desde el momento en el que debería haberse entregado la
primera composición completa, después de dos años desde que esa entrega
se hiciese efectiva, y de uno y medio desde el comienzo de las primeras
pruebas, Renfe ha puesto en servicio comercial los primeros trenes de la
Serie 103. Al fin.
Es en los corredores Madrid-Zaragoza-Camp de Tarragona y Madrid-Sevilla donde estos
trenes de Siemens cumplen, a partir del día 22 de junio, el objetivo
para el que fueron construidos: transportar pasajeros a una velocidad
máxima de 350 km/h.
Atrás quedan más de 2.000 días de incertidumbre,
retrasos en la fabricación y pruebas interminables que le costaron a la
fabricante 21 millones de euros. Teniendo en cuenta que el importe de
la adjudicación fue de 400 millones (unos 25 millones por tren), los
contribuyentes españoles recibieron así una inesperada sorpresa: uno de
los 16 trenes
salió casi gratis.
El culebrón comenzó en septiembre de 2000, cuando Siemens
presentó su oferta con un proyecto de tren en el que el diseño de
algunos componentes básicos era propiedad de dos competidoras,
AdTranz
y Bombardier. Dos compañías que unos meses antes eran independientes,
pero que desde el verano de ese año pasaron a ser la misma, después de
que la primera comprara, a Daimler-Chrysler, la segunda.
A la canadiense, con las patentes en la mano, le faltó tiempo para
decirle que no a la alemana. Ésta, incluso con el contrato ya firmado,
tampoco se dio prisa por sustituirlas. La brillante actuación
empresarial quedó rematada con el casi eterno retraso con el que
Siemens negoció y acordó con
CAF y Alstom la forma de que éstas
participasen en la fabricación de sus trenes desde sus instalaciones en
España, una necesidad impuesta por el contrato.
Al fin, en otoño de 2005 las primeras unidades comenzaron a llegar a
manos de Renfe, que se encargó de demorar un poco más aún su puesta en
servicio comercial, sin explicar los motivos. Entre tanto, eso sí, el
103 tuvo tiempo de dar al menos una alegría. La de batir el
récord
nacional de velocidad ferroviaria la noche del 15 al 16 de julio de 2006, al alcanzar los 403,7 km/h.